ESTE TEXTO NO ES DE MI AUTORIA, HA SIDO ESCRITO POR MI HERMANO DE VIDA JUAN PABLO FARIÑA, ESPERO QUE PUEDAN APRECIAR LA SABIDURIA QUE CONLLEVA ESTAS MAGNIFICAS PALABRASPICHON
“Mamá… ¿Por qué tengo que hacerlo?” Preguntó el pichón, mirando asustado hacia abajo. El viento mecía su pequeño pirincho.
“Porque eres un águila, hijo; y como tal, estás hecho para dominar el aire. Está en tu naturaleza” Respondió la madre, orgullosa de su raza.
“Pero se está tan cómodo aquí, en el nido. Todo es tan acogedor, tan seguro”
“Hijo” respondió ella “Las mejores cosas en la vida exigen sacrificios; sacrificios cuyo tamaño suele ser tan grande como la recompensa”
La madre se quedó meditando. Se recordó en aquella misma situación, de pequeña, compartiendo los miedos, dudas y ansiedades que sentía su hijo en ése momento.
Se recordó mirando a su madre, cuyas alas, en aquel entonces, parecían medir tres metros… ¡Que seguridad inspiraba aquella figura!
La segunda ráfaga de viento la trajo de nuevo a la realidad. Allí estaba su pichón, temblando; mitad de miedo y mitad de frío.
“No voy a hacerlo” declaró. “Definitivamente, prefiero andar por la tierra, como pueda, a tener que arriesgar mi existencia”
La madre comprendió que la vida es un ciclo.¡No podían aquellas palabras ser más iguales a las excusas que ella misma utilizó en su momento!
“Bien, no lo hagas” dijo la madre, después de un largo silencio. “No serás la primera de nuestra especie en resignar sus sueños. Pero me queda por hacerte una pregunta al respecto… ¿Que harás con tus alas?”
“Estas alas son una maldición” exclamó enojado.
“No hijo… esas alas son una oportunidad. ¿Qué no la ves?¿Cómo el miedo puede hacerte confundir un milagro con una maldición?”
El pichón comenzó a reflexionar. Miró a su madre, tan altiva, segura y elegante. ¡Ciertamente, sería hermoso recorrer el cielo a su lado! Pero la inseguridad era tanta…
Por otra parte… ¿Podría vivir toda su vida simulando ser algún animal de tierra? Y en tal caso… ¿Valdría la pena hacerlo?
El pichón aprovechó la tercer ráfaga de viento; y con el coraje repentino que logró tomar, se lanzó al vacío. El terror se abalanzó sobre él, pero sólo por un par de segundos, que fue lo que duró su caída libre.
Como su madre bien decía, él era un águila; y como tal, instintivamente comenzó a dominar el aire. Increíblemente, el mismo pichón hace cinco minutos arrinconado por el miedo era el que, en este momento, dominaba el cielo. Y su magnificencia, algo que excedía con creces su corta edad…
Estimado lector: Si vas a resignar tus sueños… ¿Qué harás con tus alas?
Autor: Juan Pablo Fariña
